El aire olía al humo de las chimeneas, y Anita imaginó
que los otros miembros de la comunidad estarían en sus
casas poniendo en práctica los ritos de siempre, moviéndose
de un lado a otro (de la mesa al fregadero, del fregadero a la
despensa1, de la despensa hacia algún mueble), continuando
con su labor cotidiana y sin acordarse de ella. Hombres
y mujeres que caminaban entre la maleza2, que prendían
hogueras3 y se repartían la comida. Que disponían de lo
necesario para vivir. A su alcance. Todo lo que pudieran
necesitar: techo y alimentos; calor y agua. Con esa especie de atracción febril por lo que consideraban puro. Las
mismas aspiraciones y el mismo fervor por los árboles, los
animales y la tierra. No les iba mal porque, al fin y al cabo,
nada era tan distinto. Todos sabían preparar café sin que
llegara a hervir. Sabían entrar en los almacenes de la comunidad y comprar. Sabían caminar y sabían hablar. Sabían
agachar el cuerpo4 hacia los cultivos y trabajar […].
Vivían enfrascados en5 sus tareas diarias con la tierra,
el cuidado de los frutos, el seguimiento de las aves y sus
migraciones […]. Lo único que se esperaba de ellos era
que lograran conciliar los intereses conjuntos con los
individuales y que fueran conscientes de que la suya era una
vida tranquila y elegida, integral, en la que podían tener
animales, agitar los árboles o moverse entre los perros hasta
llegar a sus casas con olor a leña y a fruta en descomposición.
1. de l'évier au garde-manger 2. les mauvaises herbes
3. hoguera = fuego al aire libre 4. se baisser 5. absorbés par