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Acepatarse a sí mismo
P.224-225

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¡Hispa lectura!

Aceptarse a sí mismo




🇪🇸 Francisco Javier Olivas (1985-)

Francisco
Javier Olivas
(1985-)

Autor originario de Granada. Licenciado en biología y estudiante de psicología. El tercer lobo, su primera novela, aborda la homofobia desde diferentes perspectivas.


- ¡Pedro! ¡Vamos! ¡Levanta! - ordenó su madre tras entrar en la habitación a toda velocidad sin pedir permiso para hacerlo. Elena subió la persiana, abrió la ventana de par en par y tiró de las sábanas que envolvían a su hijo. El aire fresco, acompañado de una intensa luz blanca, inundó la habitación provocando que Pedro buscara a toda prisa el borde de la suave tela para taparse de nuevo hasta la cabeza.

Aún albergaba el sentimiento de agotamiento1 cuando, a modo de destellos, algunas imágenes de la pesadilla2 reaparecieron en su mente. El miedo a ser transparente, a que su madre supiera lo que se le estaba pasando por la cabeza, lo dominó provocando que su corazón comenzara a acelerarse.

Elena no pudo ver el gesto contraído de su hijo bajo el tejido ni tampoco pudo presenciar sus esfuerzos en un intento de impedir la eclosión de ideas que consideraba obscenas. Apretó los párpados con fuerza para llevarlas hasta algún lugar profundo y oscuro, como si temiera que en cualquier momento la Policía del Pensamiento orwelliana3 pudiera irrumpir4 en su habitación para llevarle a una sala de castigo por semejante herejía6. ¡Un momento! Obviamente era ridículo pensar que su madre pudiera leer sus pensamientos o incluso ver lo que él había visualizado en sus sueños. Por tanto, no había motivo para estar nervioso, era imposible que ella supiera algo. Tras este tranquilizador razonamiento su corazón retomó el ritmo normal de contracción.

—¡Hijo! ¡Haz el favor de levantarte y de ir al menos a las horas de clase que quedan! ¿Pretendes repetir curso un año más? Además, estás haciendo que me retrase. Ya llego tarde a casa de doña Pilar y hoy tengo que limpiar la segunda planta completa —captó de inmediato el disgusto en la voz de su madre. Sus ojos reflejaban una mezcla de cansancio, tristeza y preocupación, aun así la mujer se mantenía firme frente a la cama con las manos sobre la cintura, escudriñando7 a su hijo y tratando de dilucidar el motivo por el que se comportaba de aquella forma. Elena intuía en él la existencia de algo más que la rebeldía propia de la pubertad o la pereza de un estudiante que no muestra especial motivación por el instituto. Se inquietó ante la posibilidad de que el joven anduviese metido en líos y se planteó la necesidad de mantener una conversación seria con él lo antes posible. Lo cierto es que pese a ser una mujer muy joven, no llegaba a los cuarenta años, Elena cada día se encontraba más marchita8, consumida por aquel frenético ritmo de vida. [...]

—No hagas esperar a doña Pilar, mamá. En serio, me levanto ya —abrió los ojos y una punzada de culpabilidad lo atravesó por completo al enfrentarse al rostro desesperanzado de su madre—. [...]

Tras vestirse y peinarse por dos veces, puesto que la primera vez no le agradó el resultado, bajó las escaleras y llegó a la planta principal. Una vez allí, dentro de la cocina, se preparó un café con leche en el microondas y puso una rebanada de pan en la tostadora. Mientras se doraba entre las resistencias incandescentes del aparato, las imágenes de la pesadilla retornaron a su mente como criaturas que se arrastran desde la oscuridad. Agarró con fuerza el borde de la encimera9 por el vértigo10 que le provocaron aquellas representaciones.

No sabía cómo, pero tenía que impedir11 que ese tema siguiera ganando terreno. Sentía que perdía el control, que el poder alcanzado sobre la cuestión durante años se estaba debilitando12. Tenía la impresión de estar intentando contener agua entre sus manos. Uno puede dejarse la vida en ello, sin embargo, el líquido siempre gana paso entre los dedos y termina por encontrar la libertad. Su corazón se aceleró y cuestionó una vez más por qué motivo le habría tocado a él vivir esa experiencia. Se frustró al no encontrar respuesta y consideró que la mejor opción era desayunar rápido e ir a clase. De esa forma, al menos estaría entretenido escuchando a los profesores y así pensaría en nada más allá de la propia explicación de los docentes13. Pedro no era consciente de ello, pero el mecanismo de la negación se tambaleaba14 como lo hace un castillo de naipes ante una repentina corriente de aire. Pronto no podría hacer nada para evitar que esa parte de él exigiera la porción de vida que le correspondía por derecho, una existencia negada15 hasta ese momento.

Francisco Javier Olivas, El tercer lobo, 2017.


1. épuisement 2. le cauchemar 3. de Georges Orwell, en referencia a un universo totalitario imaginado por este escritor inglés en su novela 1984 4. faire irruption 5. punition 6. hérésie 7. en scrutant 8. flétrie 9. le plan de travail 10. le vertige 11. empêcher 12. était en train de s’affaiblir 13. los profesores 14. vacillait 15. niée

1. Elige el adjetivo que califica mejor los sentimientos de Pedro y justifica tu elección:









2. Pedro no acepta su pesadilla. Le causa malestar. Justifica.


3. A pesar de sus tareas cotidianas, Elena se preocupa por su hijo. Demuéstralo, describiendo las relaciones que mantienen.


4. Observa la imagen, y a partir de los documentos, da una definición de «la homofobia interiorizada».
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CNN, Identidad transgénero, 2017
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