El teletrabajo se desplegó por muchas empresas como una vía de salvación durante la pandemia. La imposibilidad de acudir a las oficinas propició que los hogares se transformasen en nuevos centros de trabajo, y que toda la actividad pasase a desarrollarse a través de una pantalla de ordenador. Sin embargo, 2020 queda hoy como un recuerdo lejano: la mayoría de las grandes compañías han dado orden a sus empleados de que regresen a sus puestos [...].
«A mucha gente se le llenó la boca con que gracias al teletrabajo se acabaría con el presencialismo, y poco a poco se han dado cuenta de que no es así», reflexiona Jorge Calviño, vicepresidente de la Asociación Española de Directores de Recursos Humanos [...].
La fotografía del teletrabajo en el sector público, sin embargo, evidencia una gran (y más constante) aceptación por parte de sus trabajadores. Dentro de la Administración General del Estado (AGE), desde que se permitió trabajar a distancia —también con motivo de la irrupción de la covid— prácticamente la mitad de la plantilla, cerca de 300.000 trabajadores, se ha acogido a esta fórmula [...]. Por las características propias de su profesión, hay, sin embargo, muchos trabajadores públicos que no pueden optar al teletrabajo. Es el caso de médicos, enfermeros, profesores, policías o de aquellos funcionarios que atienden al público.