En las páginas de búsqueda de empleo escribía todas las opciones de trabajo que le podían dar a alguien como yo.
Limpiar, cuidar, cocinar, lavar, coser, vender, repartir, clasificar, recolectar, apilar, reponer, cultivar, atender, vigilar.
Llamaban y preguntaban de inmediato por los papeles.
— Estoy tramitando mi permiso de residencia.
— Llámenos cuando lo tenga. [...]
Una tarde después de no sé cuántos anuncios para ofrecerme como cuidadora, niñera, limpiadora, cocinera y escuchar que sin papeles no, que no empleaban ilegales, decidí publicar una ridiculez.
¿Crees que tu historia es digna de un libro pero no sabes cómo contarla? ¡Llámame! ¡Yo escribiré tu vida!
No pensé que ese mensaje, con sus signos de exclamación, fuera a interesarle a nadie.
A la hora sonó mi teléfono. Número desconocido.
— Tengo una historia que el mundo debe conocer. Se llamaba Alberto.
Dijo que vivía en un pueblo del norte, que pagaría lo que le pidiera, que no podía darme más detalles por teléfono y que tendría que viajar al día siguiente si me interesaba el trabajo.
Después de un silencio que ninguno rompió, pedí mucho dinero porque esa voz me daba miedo, porque tendría que atravesar un país que no conocía y porque pensé que pagar esa cifra a una desconocida, a una extranjera desconocida, lo haría desistir1.
— En este momento te envío una parte. [...]
Cuando el tal Alberto me envió el adelanto2, una fortuna para mí, quise gritar de alegría, pero algo me dijo que no lo hiciera. [...]
Ese día, con lo que envió el tal Alberto, me sentí humana por unas horas. Mandé dinero a casa, hablé por teléfono con mis padres y les dije que besaran a mi niña por mí, entré a un supermercado y compré carne y fruta fresca, me tomé un café sentada en la terraza de un bar como cualquier mujer.
1. renoncer
2. l'avance (somme d'argent)