Lucas es hijo de don Arcadio, médico republicano. En 1939, cuando Franco declara el final de la guerra, Lucas comprende que para los vencidos nada ha terminado.
Los dos años que todavía duró la guerra fueron, en sentido literal, tiempo muerto para Lucas, porque vivía como un autómata. Solo esperaba que aquello acabara de una vez para ser desmovilizado, volver a casa y rehacer su vida del mejor modo posible. Pero cuando a mediados de febrero de 1939 leyó en el Boletín Oficial que había sido promulgada la Ley de Responsabilidades Políticas, se truncaron las esperanzas que había depositado en que el régimen de Franco cambiaría al finalizar la guerra y habría algún tipo de perdón para los perdedores. [...] [C]uando el día 1 de abril de 1939, justo al principio de la Semana Santa, el Caudillo1 emitió el último parte de guerra en que decía «En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado», se dio cuenta de que aquel era un falso final. Lucas sabía leer entre líneas. Podían darse por alcanzados los objetivos militares, pero no se habían alcanzado los objetivos políticos [...]
y por ello la guerra no había terminado y continuaría de modo implacable mediante la aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas que acababa de entrar en vigor. Lucas sabía que ni en el articulado de la misma ni en su espíritu había magnanimidad2, compasión ni nada que tuviera que ver con la piedad, la paz, el perdón o la reconciliación [...].
En casa de don Arcadio la declaración de Franco fue la confirmación de una derrota anunciada que les seguiría afectando de lleno. Ellos sabían en carne propia que no habría tregua3 para los perdedores.
1. jefe militar (apodo de Franco)
2. la magnanimidad = el perdón
3. trêve