MANUEL. — (Tirando violentamente un libro al suelo.) ¡Basta!
MULATO. — ¿Basta qué?
MANUEL. — Basta de noria1. Se acabó. Me voy.
EMPLEADA 2a. — ¿A dónde va, don Manuel?
MANUEL. — A correr mundo. A vivir la vida. Basta de oficina. Basta de malacate2. Basta de números. Basta de reloj. Basta de aguantarlo a este otro canalla. (Señala la mesa del JEFE.)
(Pausa. Perplejidad.)
EMPLEADO 1o. — ¿Quién es el otro?
TODOS. — ¿Quién es?
MANUEL. — (Perplejo.) El otro... el otro... el otro... soy yo.
EMPLEADA 3a. — ¡Usted, don Manuel!
MANUEL. — Sí, yo; que desde hace veinte años le llevo los chismes3 al jefe. Mucho tiempo hacía que me amargaba4 este secreto. Pero trabajábamos en el subsuelo. Y en el subsuelo las cosas no se sienten.
TODOS. — ¡Oh!...
EMPLEADO 1o. — ¿Qué tiene que ver el subsuelo?
MANUEL. — No sé. La vida no se siente. Uno es como una lombriz solitaria en un intestino de cemento. Pasan los días y no se sabe cuándo es de día, cuándo es de noche. Misterio. (Con desesperación.) Pero un día nos traen a este décimo piso. Y el cielo, las nubes, las chimeneas de los transatlánticos se nos entran en los ojos. Pero entonces, ¿existía el cielo? Pero entonces, ¿existían los buques? ¿Y las nubes existían? ¿Y uno, por qué no viajó? Por miedo. Por cobardía. Mírenme. Viejo. Achacoso5. ¿Para qué sirven mis cuarenta años de contabilidad y de chismerío? [...] Quiero vivir los pocos años que me quedan de vida en una isla desierta. Tener mi cabaña a la sombra de una palmera. No pensar en horarios.
EMPLEADO 1o. — Iremos juntos, don Manuel.
MARÍA.- Yo iría, pero para cumplir este deseo tendría que cobrar los meses de sueldo que me acuerda la ley 11.729.
EMPLEADA 2a. — Para que nos amparase la ley 11.729, tendrían que echarnos.
MULATO. — Aprovechen ahora que son jóvenes. Piensen que cuando les estén untando con aceite la planta de los pies no podrán hacerlo.
MARÍA. — La pena es que tendré que dejar a mi novio. [...]
MULATO. — Señores, procedamos con corrección. Cuando don Manuel declaró que él era el chismoso, una nueva aurora pareció cernirse sobre6 la humanidad. Todos le miramos y nos dijimos: He aquí un hombre honesto; he aquí un hombre probo; he aquí la estatua misma de la virtud cívica y ciudadana. (Grave.) Don Manuel. Usted ha dejado de ser don Manuel. Usted se ha convertido en Simbad el Marino.
EMPLEADA 3a. — ¡Qué bonito!
MANUEL. — Ahora, lo que hay que buscar es la isla desierta.
TENEDOR DE LIBROS. — ¿Hay todavía islas desiertas?
MULATO. — Sí las hay. Vaya si las hay. Grandes islas. Y con árboles de pan7. Y con plátanos. Y con pájaros de colores. Y con sol desde la mañana a la noche.
1. Assez de tourner en rond
2. Assez de trimer comme un forçat
3. les ragots
4. ce secret m'empoisonnait la vie
5. vieux, usé
6. planer sur
7. un arbre à pain (espèce tropicale)