Otro año más pasa y seguimos de vacío en los Premios Nobel1. El último español galardonado con uno en disciplinas científicas lo recogió Severo Ochoa en 1959, aunque lo hizo como ciudadano estadounidense. El anterior, o el único según se mire, lo recibió Santiago Ramón y Cajal en 1906. [...]
Hoy, Cajal, parece brillar más fuera de nuestras fronteras. La primera sociedad de neurociencias se denominó «Cajal Club» y se fundó en EE.UU., no se eligió a otro neurocientífico. [...] Cuando la NASA busca un ejemplo de científico para una de sus misiones, no eligen a un físico o un astrofísico, eligen a Cajal. [...] Cajal es, sin lugar a duda, el científico más importante que ha dado nuestro país. ¿Cómo es posible entonces que sea tan poco conocido por la población?
Muchas pueden ser las razones. Tal vez no existe una forma sencilla de explicar a la población, en un tuit, la trascendencia2 de sus descubrimientos acerca del sistema nervioso y sus implicaciones, o no hemos sabido difundir que su trabajo es la base de muchos de los avances científicos actuales. Me niego a pensar que la ciencia no haya interesado en el pasado a la sociedad y mucho menos que no interese a la actual.
1. seguimos de vacío en los Premios Nobel = seguimos sin Nobel
2. la trascendencia = la importancia