Safi la llevó hasta la otra esquina, donde tres chicos más jóvenes y menos inquietos que Victoria estaban sentados alrededor de una mesa1 circular. Alzaron la cabeza para saludarlas. Sobre la mesa había prendas, trapos y jirones de tela2 de todos los colores y texturas.
– Están separando las fibras naturales de las sintéticas, quitando botones que pudieran aprovecharse o hilos de costuras que sean de otro material; por ejemplo, hilos de poliéster en prendas de algodón o de lino. Todo el trabajo es para que esas fibras se puedan biodegradar, si ese es el destino que estos muchachos eligen para la tela.
– No entiendo. ¿Desechan las telas? ¿No es eso lo que el Distrito quiere evitar?
– Claro, porque la tela no es basura. Pero enterrarla es lo ideal cuando la ropa hecha de pelo o fibra quiere volver a la tierra porque ya no tiene otro uso. […] Acá nos gusta eso de Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma. Ahora urge trabajar en los trajes de fiesta. ¿Comenzamos por ahí?
Victoria se encogió de hombros y siguió a Safi hasta el cuarto de máquinas de coser. En lo alto, un número luminoso de cristal de cuarzo3 mostraba la cifra de la cantidad de energía que restaba para hacer el trabajo del día. Safi se sentó en una de las máquinas.
– Esto es fácil. Es un blusón, ¿viste? Hay que unir los pedazos de la tela según el color que indica la juntura.
[…] ¿Notas que la textura es particular?
En efecto, Victoria notó que era un tanto transparente, suave, aunque opaca. En sus dobleces4 más pronunciados se marcaban rayas5 blancas, como si fuera papel.
– Es la que usamos para las fiestas. Solo dura hasta que se diluye en agua. Pero le bordamos lo que queramos encima.
A Victoria le pareció absurda la idea.
– ¡Pero si los vestidos de fiesta son los más lujosos, los que la gente guarda!
– Aquí nos gusta que, así como luego de la fiesta sólo queda el recuerdo, del atuendo que usamos sólo quede el hilo. La gente puede guardarlo, reusarlo en algún lienzo colgado en la pared6, en sus sábanas o donde quiera. El ajuar7, la ropa que usamos todos los días, la que nos protege y nos mantiene con ganas de seguir mientras vivimos, es la que queremos que sea un lujo: resistente, hermosa, cómoda… ¿Viste tu ajuar? Es un regalo que Enea hace a sus visitantes para que nos recuerden cuando se vayan. Aún le falta trabajo. Le falta, pues, que lo hagas tuyo. […] ¿Qué te gustaría hacer con esta pieza?
– No sé –respondió a Safi, inquieta– ¿Cómo tiene que ser?
– Como tú quieras. Es más fácil si lo dibujas primero. Haz una forma que te guste, o lo que sientas en ese momento. ¡Haz lo que quieras! Mira, quizá esto te dé ideas.
Safi se acercó al librero y sacó un álbum. Estaba lleno de dibujos. Algunos eran simples líneas y cruces, flores o estrellas; otros eran más estilizados, como todo un ajuar con rebozos8, cinturones y zapatos. Incluso había dibujos infantiles, caóticos y absurdos. Safi le acercó trozos de papel, carboncillo y cera de colores, pero Victoria se fastidió luego de un rato y sacó su zalet9. Notó que ya se le había acabado la batería. No le venía en gana irse a pedalear quién sabe cuánto tiempo para encenderlo, así que se entretuvo mirando el bordado en el que trabajaba Safi, un patrón vegetal bello, complejo y colorido.
1. autour d'une table
2. des chiffons et des lambeaux de tissu
3. en cristal de quartz
4. dans ses plis
5. des rayures
6. dans une toile accrochée au mur
7. le trousseau
8. des châles
9. zalet: dispositivo, imaginado por la autora, que sirve para dibujar, comunicarse o consultar información en este mundo futurista